1 de julio de 2011

Luz interior

A veces es innevitable no sentir que la vela con su fuego que ilumina el espíritu se haya apagado. Las ráfagas de viento que azotan el alma tempestivamente, la lluvia que no deja de llover y que moja todo a su paso, han logrado ahogar la luz interior. Fuego para alumbrar, guiar, calentar con tibio calor la fría oscuridad que trae el vivir.

Imagino mi interior. Imagino una banca en medio de una cueva oscura y húmeda. Imagino sobre la banca un vela que lucha por mantenerse encendida. Imagino el fuego que alumbra en la penumbra de mi interior. Imagino la oscuridad después de que esta luz finalmente se ha visto derrotada por mí misma. Imagino que deseo encenderla. Imagino que no puedo.

6 de junio de 2011

El grupo de la cuarta

Contexto:
Grupo del curso de doblaje y locución de la Cuarta Pared en el Distrito Federal. Somos alrededor de 14 chicos de diferentes edades, gustos, preferencias, ideología, status, ec.

Es un grupo fantástico, estoy aprendiendo no solo de lo que consiste el curso sino de la interacción entre los que conformamos el grupo de clase.

1. Conexión. Es increíble cómo somos todos tan diferentes, con vidas opuestas que se cruzaron en un interés común: el curso de doblaje y locución de La cuarta pared.

2. Tolerancia. Obviamente, por lo diferente del grupo, es normal que hubieran críticas o roces. Pero el grupo es muy tolerante; aceptando las diferencias sin criticar, sin una mueca de desaprobación, sin una manifestación explícita de no estar de acuerdo. Más bien, se trata de una apertura al enrequecimiento de las diferencias. Por primera vez creo haber vivido la tolerancia plenamente.

17 de mayo de 2011

Corazón para crear nuevas conexiones sociales

Quisiera tener un nuevo corazón para comenzar mis días con una nueva vida. Corazón nuevo para olvidar los sentimientos de odio y tristeza que trajo el día del ayer. Un nuevo corazón que me permita saludar a todos con alegría sincera cada mañana en la casa, en el trabajo e incluso en la calle, con los extraños con los que uno se topa cada día.

Un corazón nuevo para olvidar el desgaste de las relaciones con mi familia, amigos, compañeros de trabajo y clase, hermanos de la iglesia y relaciones esporádicas con las que uno entabla conversación raramente. Si pudiera reemplazar este corazón y olvidar los resentimientos almacenados de una vida que no perdona ni olvida porque ha callado e ignorado situaciones que no vale la pena aclarar. Ya sea porque el momento no lo ameritaba o porque es mil veces mejor ignorar y seguir adelante que abrir viejas heridas que le duelen al orgullo.

¡Qué fantástico seria poder encontrar corazones de repuesto en el centro comercial! Cuando el corazón estuviera suficientemente traqueteado, podría uno ir por uno nuevo y comenzar a vivir como un recién nacido, con una nueva página en blanco que escribir. Borrón y cuenta nueva. Espero que Dios se refiera a eso cuando dice: “Les daré un nuevo corazón, y les infundiré un espíritu nuevo; les quitaré ese corazón de piedra que ahora tienen, y les pondré un corazón de carne”. Si no ahora, al menos en el cielo. Porque a mí me hace falta uno nuevo, que me permita respirar tranquila, sin tanto pesar y odio acumulado.

Me urge, requiero con ansia desmedida, con el dolor que me provoca mi incapacidad para recuperarme, un corazón que me ayude a sanar mi relación con aquellos a quienes amo tanto pero que la convivencia diaria ha ido deteriorardo.

8 de mayo de 2011

No te estoy extrañando

No te extraño ya. No recuerdo tu sonrisa limpia y ligera que contagiaba con solo verla asomarse entre tus mejillas. Ya no me hace falta escucharla, ni verla, ni siquiera recordarla. Ya no me duele saberte a kilómetros de distancia, que hacen a nuestros cuerpos mortales; que hacían de nuestros recuerdos memorias de personas muertas.

Afuera hace calor y la tarde es tibia, y ya no pienso en las calles húmedas que esas noches nos refugiaron uno en el otro. No te extraño, creo que al fin entendí que no necesito que tu mano tome con decisión la mía y me guíe por la vida. No necesito pensar más en tu corazón latir con fuerza junto a mi cuerpo porque el mundo éramos nosotros dos. No más caricias que luego tendré que extrañar.

Te digo que no te estoy extrañando.

4 de mayo de 2011

Más

Resultó que Dios fue benigno y me regaló la oportunidad de conocerte. Nos reunimos con el pretexto encubierto. No tomé café como lo había planeado pero sí hubo una plática amena e interesante. No sé si los que estaban en las otras mesas o si los meseros percibieron una luz saliendo de nuestros cuerpos, porque la verdad no me detuve a descubrirlo, pero tampoco sentí esa conexión que había soñado. El momento llegó y dudé si sentías esas mariposas en el estómago diciendo que aún no era tiempo, pero si acaso yo las sentí tampoco las dejé andar volando en mi vientre. Solo sé que me quedé con ganas de más.

18 de abril de 2011

Imagen de una tarde lluviosa

Quiero encontrarme contigo, vernos con el pretexto de conocernos. Tomar un café esta tarde nublada, mientras el aroma y la múscia guían nuestras miradas. La conversación se torna amena y la tarde se pasa cómoda. Un par de risas saldrán de mis labios mientras me cuentas la cara que puse. Alguien se asomará al lugar preguntándose si esa luz sale de nuestros cuerpos y nosotros solo atinaremos a estar confundidos con la afirmación.

Llegará el momento de marcharse y esa sensación en el estómago nos dirá que no es tiempo todavía. Las calles estarán mojadas afuera y el viento frío calará mis huesos. Tu brazo me abrazará y caminaremos juntos... no sé cuánto.

27 de marzo de 2011

La niña de porcelana y su príncipe de hielo

Sobre el mueble donde se guarda la vajilla de la casa, en el comedor, está una muñequita de porcelana, con su vestidito blanco y su mirada tierna. Está sentada, tomando una taza de té por la eternidad. Su cabello recogido lo adorna un moño color rosa pastel y sus rizos dorados le cubren su pálido rostro. Su vestidito blanco está adornado con florecitas rosas mientras un gatito se cobija con el resto del vestido que cae al piso. Sus piecillos los descansa sobre un cojín. Y mientras toma el té, ella sostiene con la otra mano un platito de leche para que el gatito de su regazo tome sin cesar.

Pero junto a ella, otra estatuilla de porcelana le hace compañía. Un muñeco de nieve con cara de asombro y un osito de peluche medio deforme. El muñeco de nieve lleva un sombrero blanco en la cabeza fría. Y en su rostro unas chapitas y unos ojos abotonados. Resalta la zanahoria que tiene por nariz, tan anaranjada que la raya que tiene por boca desaparece. Lleva puestos unos pantalones, que por más que el cinturón intenta amarrar, la nieve derretida le impide ajustarlos.

Así se le va la vida a la princesita de porcelana, pensando que en el mundo no hay otros niños tan pálidos, con cara afiladita y de encanto esperando por ella. Se ha resignado a creer que aquel hombrecillo de nieve, regordete y con cara de maricón, será su príncipe azul. Pobre muñequita de porcelana, si supiera que su príncipe azul existe, no está en la sala, la cocina o alguna habitación, pero existe.