Creí que sería más dramático. Ya saben, lágrimas sin parar, un dolor en el pecho de esos que te sacan el alma o por lo menos un sentimiento de vomitar todo. Pero no hubo nada, es más, todavía me parece estar sin vida. Nada es real.
Con el tiempo comienzo a pensar que me gustaba mi rutina, me mantenía viva. Sí, con un sentimiento de estar haciendo algo con mi vida y algo de lo que no me arrepentiría nunca.
Ahora hay toda una vida por trazar, nuevas rutinas, nuevas metas, nuevas formas de hacer y convivir con el ambiente que me rodea. Debo confesárles que no he salido de mi cuarto desde que llegué. Estaba acostumbrada a refugiarme en el dormitorio a lado de todas mis cosas. Me da miedo salir. Me da miedo hacer contacto otra vez. Si hay algo que le reclamo con odio a Montemorelos es este temor e incapacidad de ser la persona que era: libre, aventurera, sin miedo, atrevida. Mírenme aquí, pegada a este maldito aparato del demonio.
Mañana será otro día. Espero poder llevarme bien con todo lo que me rodea. Por la noche solamente recuerdo quién era, solo así me convenzo que aún pertenezco a este lugar, que siempre fui una chilanga de corazón. ¿Me pregunto qué más habrá cambiado en mí la universidad de la burbujamorelos?
11 de junio de 2009
25 de mayo de 2009
La oscuridad solo permitía ver sombras, pero esa noche, la luz era más tenue. No era medianoche, pero estaban a punto de sonar las campanas de la Iglesia. No había cementerio pero los vivos no eran de fiar. Tampoco habían siluetas misteriosas bajo capas oscuras y sombreros de copa, pero los rostros de todos se veían pálidos y huesudos.
21 de mayo de 2009
Volver a la vida
En pocos días estaré dejando este lugar de sueño. Estar acá ha sido como vivir una realidad paralela, como haber hecho un gran paréntesis antes de continuar con mi vida. No sé si al salir volveré a regresar o a caso le guardaré a Montemorelos algún recuerdo melancólico, pero sé que siempre lo tendré como un sueño o quizá una pesadilla que todas las noches se repetirá.
Haré las maletas y no me llevaré nada que me traiga dolor o soledad. Dejaré aquí todo lo que aquí pertenece. Me llevaré solamente aquello que pasó a ser parte de mí. Llevaré conmigo el sonido que entraba por mi ventada del aire jugando con los árboles. Empacaré el color verde de los jardínes, hicieron felices a mis ojos muchos días soleados. Me llevaré el recuerdo de las risas, carcajadas y lágrimas de felicidad. Cargaré conmigo la melodia de las pequeñas aves en la madrugada y pondré en mi bolsa el brillo de las luces románticas de la noche.
Tomaré mis maletas y quemaré todo lo que dejo, quizá algunas cosas las done (siempre hay gente que utiliza lo que para otros ya no tiene sentido de existir). Quiero irme sin mirar atrás, sin dejar nada que me obligue a regresar o a sentir algo por tí. Espero no sorprenderme en el futuro descubriendo que siempe te amé.
Haré las maletas y no me llevaré nada que me traiga dolor o soledad. Dejaré aquí todo lo que aquí pertenece. Me llevaré solamente aquello que pasó a ser parte de mí. Llevaré conmigo el sonido que entraba por mi ventada del aire jugando con los árboles. Empacaré el color verde de los jardínes, hicieron felices a mis ojos muchos días soleados. Me llevaré el recuerdo de las risas, carcajadas y lágrimas de felicidad. Cargaré conmigo la melodia de las pequeñas aves en la madrugada y pondré en mi bolsa el brillo de las luces románticas de la noche.
Tomaré mis maletas y quemaré todo lo que dejo, quizá algunas cosas las done (siempre hay gente que utiliza lo que para otros ya no tiene sentido de existir). Quiero irme sin mirar atrás, sin dejar nada que me obligue a regresar o a sentir algo por tí. Espero no sorprenderme en el futuro descubriendo que siempe te amé.
7 de mayo de 2009
Nariz
Esa tarde Valentina dejó caer el perfume, ya no valía la pena conservarlo, ¿para qué?
Las venas se retorcían dentro de sus brazos y en el cuello se hinchaba la sangre que estaba a punto de reventarle la cara, los ojos. La boca rabiaba en una avalancha de espuma blanca que más que asco daba tristeza.
Estoy aquí sentada intentando describir a que huelen los recuerdos, como si estos pudieran tener algún aroma. Pero me aferro a la idea porque sé que el día que lo consiga eternizaré mi felicidad. Ahora solo estoy sentada frente a la ventana y miro mientras el sol cae. Afuera hace frío, ya parece que siento el otoño sobre mi cuerpo pero esta vez no estarás conmigo.
Ayer los árboles fueron azotados con brutal violencia que el aire dobló las ramas tiernas, hasta desprenderlas de su tronco y las flores que asomaban con aire de felicidad fueron arrebatadas para viajar hacia otro mundo. Yo estaba mirando por la ventana cuando el sol se despidió de mi patio. La vida se había puesto color dorada. El viento tempestuoso de ayer se había llevado las hojas, las flores y tu olor.
La vida olía a frío, a vino suave y amargo entrando por mi boca. Las patas de los perros dejaban una estela a sudor, el pasto recién cortado pintaba la nariz de verde y me dio comezón. El aire me congeló y entonces percibí el aroma de las huellas mojadas del niño que salió de bañar. Mi ropa, mis manos, mi cabello dejaron de oler a ti y ahora no sé dónde poner la nariz para sentirte otra vez. De alguna forma en mi cabeza ya no está registrado el aroma de tu cuerpo sudado o de tu boca o de tu ojos. No recuerdo el olor de tus abrazos o de tus pasos, no sé qué le pasó a mi sentido del olfato que decidió vaciar la botella que contenía tu aroma.
Ahora, me encuentro en un estado de éxtasis. Intento llenar el frasco vacío con tu olor: un poco de rosas frescas, un pedazo de pay de queso recién horneado, algo de calcetines sucios, fresas rojas, palomitas con mantequilla, sal y chile. Esta combinación que no me resulta como debía. Algo le sobra, algo le falta porque no es el olor que solía recordar de ti. Mis ojos brillan porque pienso que de alguna forma encontraré la fórmula mágica de tu perfume, de tu olor místico, desposeído de todo cuanto conozco. Olor que solamente me recuerda a ti, a nadie más que a ti, a tu persona, a tu ser de huesos y leche.
Valentina lloró cuando descubrió los mil pedacitos de vidrio en el suelo. Todo el perfume que alguna vez llenó el frasco, estaba regado, evaporado por el sol. Ya nada quedaba de él. Su olor se había esfumado sin dejar rastro. Ya ni el frasco pudo guardar un poco para después. No, ya no había chico, ni olor, ni recuerdo, ni nada.
Días después, ya ni Valentía recordaba cómo había sido todo, cómo el perfume la había vuelto loca, apasionada y amorosa. Ya nada valía ni un mísero pensamiento, ni una gota de llanto, ni un halo de ventura; ni el recuerdo de aquel perfume valía.
Las venas se retorcían dentro de sus brazos y en el cuello se hinchaba la sangre que estaba a punto de reventarle la cara, los ojos. La boca rabiaba en una avalancha de espuma blanca que más que asco daba tristeza.
Estoy aquí sentada intentando describir a que huelen los recuerdos, como si estos pudieran tener algún aroma. Pero me aferro a la idea porque sé que el día que lo consiga eternizaré mi felicidad. Ahora solo estoy sentada frente a la ventana y miro mientras el sol cae. Afuera hace frío, ya parece que siento el otoño sobre mi cuerpo pero esta vez no estarás conmigo.
Ayer los árboles fueron azotados con brutal violencia que el aire dobló las ramas tiernas, hasta desprenderlas de su tronco y las flores que asomaban con aire de felicidad fueron arrebatadas para viajar hacia otro mundo. Yo estaba mirando por la ventana cuando el sol se despidió de mi patio. La vida se había puesto color dorada. El viento tempestuoso de ayer se había llevado las hojas, las flores y tu olor.
La vida olía a frío, a vino suave y amargo entrando por mi boca. Las patas de los perros dejaban una estela a sudor, el pasto recién cortado pintaba la nariz de verde y me dio comezón. El aire me congeló y entonces percibí el aroma de las huellas mojadas del niño que salió de bañar. Mi ropa, mis manos, mi cabello dejaron de oler a ti y ahora no sé dónde poner la nariz para sentirte otra vez. De alguna forma en mi cabeza ya no está registrado el aroma de tu cuerpo sudado o de tu boca o de tu ojos. No recuerdo el olor de tus abrazos o de tus pasos, no sé qué le pasó a mi sentido del olfato que decidió vaciar la botella que contenía tu aroma.
Ahora, me encuentro en un estado de éxtasis. Intento llenar el frasco vacío con tu olor: un poco de rosas frescas, un pedazo de pay de queso recién horneado, algo de calcetines sucios, fresas rojas, palomitas con mantequilla, sal y chile. Esta combinación que no me resulta como debía. Algo le sobra, algo le falta porque no es el olor que solía recordar de ti. Mis ojos brillan porque pienso que de alguna forma encontraré la fórmula mágica de tu perfume, de tu olor místico, desposeído de todo cuanto conozco. Olor que solamente me recuerda a ti, a nadie más que a ti, a tu persona, a tu ser de huesos y leche.
Valentina lloró cuando descubrió los mil pedacitos de vidrio en el suelo. Todo el perfume que alguna vez llenó el frasco, estaba regado, evaporado por el sol. Ya nada quedaba de él. Su olor se había esfumado sin dejar rastro. Ya ni el frasco pudo guardar un poco para después. No, ya no había chico, ni olor, ni recuerdo, ni nada.
Días después, ya ni Valentía recordaba cómo había sido todo, cómo el perfume la había vuelto loca, apasionada y amorosa. Ya nada valía ni un mísero pensamiento, ni una gota de llanto, ni un halo de ventura; ni el recuerdo de aquel perfume valía.
29 de abril de 2009
Encierro por influenza
El tema está más que choteado. Pero aquí en mi encierro dentro de burbujamorelos (Universidad de Montemorelos) he descubierto que al final no hay mucha diferencia. Todo sigue igual, na más con gente más loca caminando por el campus con tapabocas.
Imagínense que el primer día que nos enteramos que este encierro comenzaría por haraganear sin clases, la gente se volvió paranoica y no se apartaron del televisor ni un momento. Las noticias: las mismas. Con la misma información una y otra vez. Muchos se sintieron en alguna película hollywoodense en la que un virus dejaba desolada la tierra.
Ya muchos alumnos regresaron a sus casas para disfrutar de estas vacaciones obligadas. Los que nos quedamos en este encierro seguimos con las actividades normales de un domingo eterno. Si acaso me levanté temprano a estirar el cuerpo porque tanto sedentarismo acabará con mi ánimo. Cine permanencia voluntaria comenzó desde temprano y terminó hasta un poco antes de dormir.
Hoy será un poco diferente, la conciencia me dice que debo avanzar un poco con las tareas porque si no, bueno ustedes saben, podría no graduar. Lo único que más me molesta de este simulacro o prevención es nuestro simposio de Proyecto Inc. que se ha tenido que posponer hasta el próximo semestre. También temo que en vez de ser tiempo de provecho es tiempo de vacacionar al estilo pobre: en casa, encerrado, en internet y viendo pasar las horas sin que avancen siquiera un poco más aprisa.
Imagínense que el primer día que nos enteramos que este encierro comenzaría por haraganear sin clases, la gente se volvió paranoica y no se apartaron del televisor ni un momento. Las noticias: las mismas. Con la misma información una y otra vez. Muchos se sintieron en alguna película hollywoodense en la que un virus dejaba desolada la tierra.
Ya muchos alumnos regresaron a sus casas para disfrutar de estas vacaciones obligadas. Los que nos quedamos en este encierro seguimos con las actividades normales de un domingo eterno. Si acaso me levanté temprano a estirar el cuerpo porque tanto sedentarismo acabará con mi ánimo. Cine permanencia voluntaria comenzó desde temprano y terminó hasta un poco antes de dormir.
Hoy será un poco diferente, la conciencia me dice que debo avanzar un poco con las tareas porque si no, bueno ustedes saben, podría no graduar. Lo único que más me molesta de este simulacro o prevención es nuestro simposio de Proyecto Inc. que se ha tenido que posponer hasta el próximo semestre. También temo que en vez de ser tiempo de provecho es tiempo de vacacionar al estilo pobre: en casa, encerrado, en internet y viendo pasar las horas sin que avancen siquiera un poco más aprisa.
19 de abril de 2009
Tom Hanks en una isla con su balón Wilson. El tipo de la escafandra y su papillon. La cenicienta o quizá un hombrecillo vigilado por el Big Bother. Encerrados sino por voluntad propia, les tengo como hermanos de encierro. De desesperación ante la imposibilidad de hacer con sus vidas lo que mejor les parezca.
Ni un príncipe azul carajo, ja.
Ni un príncipe azul carajo, ja.
9 de abril de 2009
En casa y sin sentir calor
Creo que es ahora cuando comprendo un poco mejor a mi prima araña, cuando se fue al otro lado para no volver. Estoy de regreso en casa y en poco tiempo podrá ser definitivo pero es que ahora no sé si realmente deba regresar.Aunque me duela con el alma admitirlo, en Montemorelos está mi vida. Definitivamente no me quedaré, pero y a dónde me iré.
Quiero irme a Francia, o quizá conseguir trabajo en Monterrey o buscar acá en chilangolandia. Si tienen o conocen de alguna chamba pa mí, avísenme. Me gusta escribir, estudio Ciencias de la Comunicación y me encantaría trabajar en alguna editorial.
¨Deja atrás un camino seco y polvoriento. Olivia lleva caminando un día y parece no encontrar fin a ese infierno. El sol quema y no se avisa ningún árbol que regale un poco de aire fresco. Olivia lleva vaqueros y una blusa amarilla en la que se lee Radiohead, se la regaló su hermano dos meses atrás.
El día anterior había sido fatal. En el bar se pelió con su novio y decidió dejarlo en ese pueblucho. Las vacaciones no habían empezado y ella estaba de regreso intentando llegar a cualquier parte, menos junto a Julían.
Julián no tenía cerebro, es más, no conocía la palabra pensar. Pero era guapo, vestía a la moda, tenía una risa encantadora y además era el centro de atención en cualquier lugar. Conoció a Olivia en un cine viejo en el centro de la ciudad. Julian se enamoró sin saber cómo, cuándo o por qué. Olivia se dejó querer.
Olivia camina sin fuerzas y de repente cruza por su mente que quizá se equivocó. Pero no, ella no puede regresar. Pronto pasará un auto o llegará a algún pueblo. Tal vez Julián la encontrará antes que caiga desmayada, por lo menos eso imagina mientras siente que las piernas ya no le dan para más. Finalmente Olivia cae en medio de la nada, repitiendo en voz baja alguna frase incoherente.
Una semana después Julián recibe un llamada telefónica. Es su mejor amigo preguntándole si sabe que Olivia murió. Julián cuelga y continua durmiendo¨.
Quiero irme a Francia, o quizá conseguir trabajo en Monterrey o buscar acá en chilangolandia. Si tienen o conocen de alguna chamba pa mí, avísenme. Me gusta escribir, estudio Ciencias de la Comunicación y me encantaría trabajar en alguna editorial.
¨Deja atrás un camino seco y polvoriento. Olivia lleva caminando un día y parece no encontrar fin a ese infierno. El sol quema y no se avisa ningún árbol que regale un poco de aire fresco. Olivia lleva vaqueros y una blusa amarilla en la que se lee Radiohead, se la regaló su hermano dos meses atrás.
El día anterior había sido fatal. En el bar se pelió con su novio y decidió dejarlo en ese pueblucho. Las vacaciones no habían empezado y ella estaba de regreso intentando llegar a cualquier parte, menos junto a Julían.
Julián no tenía cerebro, es más, no conocía la palabra pensar. Pero era guapo, vestía a la moda, tenía una risa encantadora y además era el centro de atención en cualquier lugar. Conoció a Olivia en un cine viejo en el centro de la ciudad. Julian se enamoró sin saber cómo, cuándo o por qué. Olivia se dejó querer.
Olivia camina sin fuerzas y de repente cruza por su mente que quizá se equivocó. Pero no, ella no puede regresar. Pronto pasará un auto o llegará a algún pueblo. Tal vez Julián la encontrará antes que caiga desmayada, por lo menos eso imagina mientras siente que las piernas ya no le dan para más. Finalmente Olivia cae en medio de la nada, repitiendo en voz baja alguna frase incoherente.
Una semana después Julián recibe un llamada telefónica. Es su mejor amigo preguntándole si sabe que Olivia murió. Julián cuelga y continua durmiendo¨.
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